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Aceite de Ricino, todo lo cura

Written by Super UserPosted in: Belleza y Salud


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También conocido como almizcle de castor o castor oil, es un aceite  viscoso  que en usos cosméticos  ha sido empleado por generaciones para hacer crecer las pestañas, untando una gota en las puntas. Combinado con aceite de almendras y/o de oliva, sirve para suavizar y dar brillo al cabello opaco. También se utiliza en perrillas u orzuelos de los párpados, poniendo una gotita por las noches

sobre la inflamación.

El aceite de ricino  es un elemento natural sorprendentemente curativo. Se ha utilizado tradicionalmente como laxante (1 a 2 cucharadas soperas de aceite tibio al día), pero no se debe utilizar en tratamientos prolongados, porque irrita. Para disfrazar su sabor, se puede beber con jugo de naranja.

Desde hace siglos se usa en cataplasmas contra inflamaciones y dolores de cualquier tipo, pero fue hasta el siglo XVIII que se comprobaron científicamente sus propiedades.

La  terapia  fue descubierta por el famoso profesor Edgar Cayce, quien era un médico que al  dormir tenía visiones sobre formas de curación. En una de ellas descubrió que el aceite de ricino podía ser utilizado medicinalmente para combatir casi cualquier mal, entre estos: garganta inflamada, cólicos y dolor de estómago, lesiones musculares e inflamaciones de cualquier tipo.
Desde entonces, médicos de todo el mundo han hecho estudios con el aceite de ricino y han descubierto que sí funciona. Y que la mejor manera es utilizarlo mediante compresas.

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Compresas curativas de aceite de ricino:
- Aceite de ricino.
- 1 pedazo de franela de lana o algodón.
- Plástico para cubrir.
- 1 cobija o cojín eléctrico.
- 1 toalla.

El modo correcto para realizar estas compresas, es muy sencillo:
1. Dobla la franela de acuerdo al tamaño de la zona a tratar y empápala con aceite de ricino.
2. Coloca la franela sobre la zona.
3. Cubre con el plástico.
4. Tapa con la toalla.
5. Coloca la cobija o el cojín eléctrico sobre la toalla a una temperatura media.
6. Déjalo de media hora a hora y media (dependiendo de la gravedad de la lesión), durante tres días seguidos.

El contacto del calor de la piel con el  aceite de ricino permite que éste penetre por los poros, introduciéndose al torrente sanguíneo y a la linfa, limpiándola y liberándola de todas las toxinas; al no tener otras cosas en qué ocuparse, nuestro organismo se dedica a regenerar la lesión. 

 

 

 

 


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